
La irregularidad del campeonato de primera división invitó a creer en reiteradas oportunidades que este River podría pelear arriba de estar en el
lugar donde (su historia marca que) debería estar. La hipótesis no era descabellada teniendo en cuenta la fragilidad de los equipos de la A (con
excepción de Boca) y de la B (sin salvedades), y porque en definitiva, afirman algunos protagonistas que vivieron las dos experiencias, la diferencia
cualitativa entre ambas categorías es relativa.
Sin embargo, este River choca de vez en cuando contra su propia voluntad, esa de
–justamente-querer lograr el ascenso de atropellada, con su estirpe ganadora como bandera. Volver al Monumental no le significó un plus después
de traspiés como el batacazo de Aldosivi en la cancha de San Lorenzo, allí donde el equipo de Almeyda hacía de local. Fue el retorno del mal juego, de
los silbidos (en realidad, casi todos contra Adalberto Román) y la mala cara en las tribunas. De la derrota dolorosa, aunque sin destrozos.
“Estamos en el medio de la tormenta”, graficó el entrenador tras la derrota por 2 a 0 frente a Atlético Tucumán. En efecto, su River
deberá adelantarse en lugar de esperar a que pase el temporal, porque hoy podría quedar en compañía de otros tres equipos en la punta si Boca
Unidos le gana a Instituto (que si suma de a tres se escapa en soledad, claro). Los ascensos directos son dos y bien saben sus hinchas que en la
Promoción no hay historia que valga de argumento.
Se apagó
Después del arranque furioso, con victorias consecutivas sobre Chacarita,
Independiente Rivadavia y Desamparados, llegaron las primeras preocupaciones, con sucesivos empates frente a Quilmes, Defensa y Justicia y Deportivo
Merlo. En realidad nunca más volvió a pisar con pie firme más allá de algún buen partido. Venció a Gimnasia de La Plata, pero inmediatamente empató
con Ferro. Aplastó a Atlanta y derrotó a Huracán, pero no pudo imponerse en el choque de líderes ante Instituto y después sí, llegó la primera caída,
ante El Tiburón, y después los cuatro goles de Cavenaghi a los jujeños, y por último la tarde de ayer…
La ciclotimia de River es un
diagnóstico preocupante en el marco de una categoría donde la confianza en sí mismo es lo más importante que puede tener un equipo con aspiraciones de
ascender. A esta altura del año pasado, Belgrano luchaba por escaparle al descenso en la B y, con una remontada espectacular en la segunda parte
de la temporada, saltó a la elite. Sin ir más lejos, Gimnasia de Jujuy, firme candidato en las primeras fechas, perdió cinco partidos al hilo y hoy
está 13º. El equipo “millonario” no se aseguró un colchón de puntos y, aun con mucho camino por recorrer, el margen se achica y de
ahora en más deberá pisar con cuidado.
Adivinar cuál es la verdadera cara de River le demandará una tarea futbolística pero también
psicológica a Matías Almeyda. “Sorprende que River tenga esos errores en defensa”, analizó después del partido Luis “La Pulga”
Rodríguez, autor de uno de los tantos en Núñez. Razón no le falta: con 12 goles recibidos, 7 equipos lo superan en la tabla de las vallas menos
vencidas. “El Pelado” aportó lo suyo: “En lo que va del torneo hemos jugado partidos buenos, malos, muy buenos y muy
malos…”. Poco para agregar y mucho para trabajar.